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Solidaridad y acompañamiento como prácticas expansivas de libertad. Proyecto Rhabdovirus

Written by Super User on . Posted in Uncategorised

10 años de C.N.A. 

El anarquismo y en general su práctica libertaria se vuelven pronto, dentro de una sociedad generalmente hostil contra todo espíritu de libertad, en una conducta si no suicida, tal vez enferma o anormal hasta cierto punto. 

 La normalización de la complicidad y el silencio es una estrategia estructural que establece la comodidad por la ausencia del más mínimo compromiso, así la personalidad anárquica será puesta en la mira de cuantas inquisiciones se establezcan, sean éstas religiosas o políticas. 

Obligado por su propia esencia, el espíritu libertario será llevado hacia los márgenes de la sociedad en la que vive. Esta exclusión y autoexclusión frecuentemente se convertirá en encierro,  encierro que  no solo se da en la prisión: existe el hospital psiquiátrico, la clínica de adicciones, el tutelar de menores, incluso puedes permanecer en una situación de encierro en la fuga y clandestinidad , pero en todos y cada uno de estos procesos el acompañamiento es una herramienta de ayuda, combate y solidaridad, eso es algo que la Cruz Negra Anarquista viene diciendo desde hace tiempo, inclusive es la base de su esencia histórica y son esas prácticas la fortaleza y motivación de las relaciones, redes, conexiones y lazos que nos unen a estxs compañerxs. 

A partir de los no tan recientes acontecimiento de presxs abiertamente anarquistas y mi acercamiento a los procesos considero que como escena anarquista nos ha faltado mucho, generalmente concebimos nuestro acompañamiento como reacción de apoyo inmediato a una situación específica, y como tal reacción tiene un tiempo corto de existencia, pero el acompañamiento en el proceso, en el restablecimiento u otras formas más duraderas generalmente no solo no es considerado, sino a veces rechazado o menospreciado, pues implican procesos a largo plazo que consumen muchas de nuestras energías. Podría decir con optimismo que esta situación es algo que se ha venido trabajando y denunciando. 

Históricamente a lo largo de todo el siglo XIX,  lxs anarquistas han sido acusados de locxs, de terroristas, de utópicos extravagantes, y su vida se ha considerado oscila entre los encierros, la supuesta locura y aflicciones mentales, la tumba o el suicidio. Y al hacer estas reflexiones surge la pregunta: ¿Ahora es diferente? Si bien no todo es sufrimiento, pesimismo, sacrificio o mala suerte, lxs anarquistas también generamos y compartimos formas de vida y practicas enlazadas al Eros y es por eso principalmente lo que señala su peligrosidad al sistema, pues este Eros se disiente de un modelo de producción capitalista y patriarcal, de ese modo de relacionarnos con nuestro entorno. Gozamos púes en la revuelta. No se puede o se quiere  hablar del encierro sin hablar de la experiencia personal, pues se entiende más honesto de esta forma, pero es un poco difícil pues yo nunca he estado presx por ejemplo, aunque si lo he vivido junto a mis afines, cómplices y con mis queridxs que lo han estado y con quienes lo he sentido más intensamente, y es en el acompañamiento donde he sentido esa solidaridad ácrata, alrededor de grupos, compañerxs y familias para combatir nuestros propios miedos, autoritarismo y represión interiorizada, trabajarla en conjunto y de manera individual, puedo decir que a mí me ha ayudado pero a mis queridxs no se qué tanto, mi intención, presuntuosa tal vez, al trabajar ciertos aspectos en conjunto, es que mis queridxs tras combatir esta represión empiecen otra vez a comer, hablar, amar y relacionarse sin miedo, sin rencor, y no me refiero tomarse de las manos y andar desnudxs repartiendo flores, no es mi intención tapar el odio y el rencor o la posibilidad de que lo descarguen en los símbolos de su malestar, sino evitar que eso lxs consuma. y como este no es un camino dado más bien un trabajo en continuo desarrollo donde se han generado alegrías y varios fracasos, las experiencias nos van formulando y se han desarrollado materiales propios que si bien tuvieron poca difusión y acogida, muy posiblemente por considerarse feos y tendenciosos, nos sirvieron de aprendizaje. 

Este esfuerzo se ha dado en una crítica, con una visión anarquista, a las formas científicas de dominar al individuo y grupos sociales, principalmente a las ciencias jurídicas, psiquiátricas, psicológicas y ya de paso pedagógicas (aunque todas las ciencias sociales y naturales tienen esta finalidad). Con  el objetivo de fortalecer resistencias internas, crear resistencias colectivas y generar respuestas ofensivas y hostiles. Tejiendo, construyendo y viviendo acorde a prácticas libertarias que buscan e ingenian las maneras en como accionar a la par de un proceso judicial, ya que, en su mayoría, en estos casos es el Estado nuestro principal enemigo, después esta la parte mediática donde es la sociedad la que está en nuestra contra y muchas veces con ella están nuestras familias y amistades, hasta aquellas que identificábamos como compañerxs. 

En estas épocas de represión se dan muchas fracturas, rompimientos y enfrentamientos entre nosotrxs mismxs, identificar que estas son secuelas y objetivos de la represión es tarea primordial, aunque frecuentemente esta identificación suele ser ambigua, pues no se es realmente consientes de la interiorización de la represión y nos justificamos con ideas de culpabilidad, nos encontramos diciendo: ya sabemos que es la culpa de la represión o del sistema que este todo mal, pero si tu  no hubieras hecho…y es aquí donde la discusión se complica.

Por tanto, trabajar la confianza, la responsabilidad, las ideas y ataques de culpa así como el miedo y el silencio son pasos que nos fortalecen como individuos y grupos. 

El miedo paralizador es el organizador subjetivo del silencio, aquella incapacidad de darle palabra, nombre, voz y expresión a la impotencia. El silencio que ahoga, el silencio que borra la huella en la subjetividad traumada. Poco a poco se rompe la confianza, el tejido social hecho de vínculos afectivos se va resquebrajando, imponiéndose la desconfianza, silenciando la protesta, denigrando todo aquello que suponga una potencial amenaza a la esfera de confort social. 

Se ha creado una sociedad y sistema terapéutico que disfraza lo represor, el brindar esta supuesta ayuda al malestar esconde medidas totalizadoras y va mas acorde con la imagen de democracia que quieren mostrar, de  un sistema paternalista y acogedor que se lleva bien sobre quienes se sostiene, que lxs ayuda, que lxs acoge, que les suministra su medicación, sus consultas, mostrándose preocupado por una adaptación de las maneras más asistencialistas, amigables y formas “Zen” posibles. 

Estas medidas terapéuticas son de dos tipos: 

·        Las cotidianas para mantener el orden, consistentes en sistemas educativos, penitenciarios, laborales, etc., sustentados en técnicas de condicionamiento conductual (educación programada, premio-castigo, estimuladores de la productividad, promoción de la competencia individual, etc.)

·        Y las coyunturales para volver al orden, basadas en terapias abiertamente psiquiátricas, psicoanalíticas o psicológicas. 

La búsqueda de adaptación y readaptación del individuo es el objetivo del sistema, en un texto que compartimos hace tiempo, enuncia: Tenemos drogas para hacernos felices- legales e ilegales-, para hacernos olvidar que estamos estresadxs y ansiosxs, para hacernos sentir cercanxs a otras personas o simplemente para no sentir nada en absoluto, para mantener la economía funcionando, para levantarnos por la mañana y dormirnos por la noche. Tenemos terapias que nos ayudan  a adaptarnos a un sistema que nuestros cuerpos y mentes rechazan. Si las drogas y las terapias no ayudan, tenemos drogas más fuertes, hospitales psiquiátricos y otras prisiones. El “diccionario de enfermedades mentales” está en crecimiento, la mayoría de ellas podrían describirse simplemente: la civilización y el rechazo a la civilización.[1] 

Hablar de la crisis no basta sufrirla menos, la idea es generar dinámicas y formas de contrarrestarla.

Las dificultades y los problemas psicológicos que muchas veces imponen la pasividad y la sumisión, son producidos por la represión social, en la que nos educan constantemente, que dentro del lenguaje de las ciencias “psi” se conoce como neurosis.

Para autores como Wilheim Reich o Roberto Freire, creador de la Somaterapia,  la neurosis es un producto social y se manifiesta en las sumisiones y autoritarismos que reproducen un engranaje necesario para el mantenimiento del poder de la mayoría sobre el individuo. Es el gran instrumento de dominación, sutil y perverso, porque modela la mediocridad de la servidumbre voluntaria y bloquea los potenciales de la diversidad humana. 

Por tanto el proceso de luchar por la libertad y contra todo lo que la oprime es en sí mismo un proceso de desenajenación de desalienación y liberador en sí mismo, pero también lo es el luchar por mantener espacios de libertad y esas pequeñas muestras de ella. 

Dentro de este proceso tomar en cuenta el poder de la imaginación como una acción siempre creadora y nos sumamos a un juego placentero y subversivo como espontaneidad y no actividad controlada y dirigida a reforzar roles, pues dentro de este la imaginación y la libertad son sus pilares, permitiendo la reintegración social critica, actuando en la realidad no como “victima” sino como protagonista del propio proyecto vital político, reintegración que no solo es un proceso individual, lo es también grupal, familiar y social, fortaleciéndonos mutuamente, mas no en dependencia, luchando por sacar esas formas estatales y secuelas que introducimos al enfrentarnos a una situación de encierro. 

Termino con una cita que he vuelto a leer del compa Luciano Pitronello. 

A un año del fallido ataque a la sucursal bancaria del Santander, me he levantado con fiereza, vencí, aunque me sienten en el banquillo de lxs acusadxs, porque supe tomar las riendas de mi vida con mis propias manos, triunfe ante la vida mercantilizada que nos quieren imponer y ante la muerte como única salida, pero esta victoria no es sólo mía.

 

 



[1]Anonimo. Beyond amnesty. Edita psqu|iatrizadxs en lucha. Madrid, Granada, Junio año 26 de la era Orwell.

 

 

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