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Entrevista a la Cruz Negra Desde Adentro

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Entrevista tomada de Exquisita Rebeldía # 2

Este escrito pretende desarrollar algunas preguntas destacando los hechos que permitieron la creación o mejor, la retoma del nombre “Cruz Negra Anarquista Desde Adentro”, ya que este nombre se lo dio un núcleo que existió por allá en el 2006 o 2007 con un compañero que ya salió en libertad.

Lo primero entonces es contarles quienes somos y nuestro recorrido por la lucha hasta llegar al pensamiento libertario. Nosotros somos dos compañeros que venimos de las filas de las FARC-EP donde militamos por un espacio de 12 años cada uno, nuestro ingreso se dio en los lejanos años 90 cuando la violencia oficial y su terrorismo de Estado nos negó la posibilidad de hacer política ampliamente y solo se nos planteaba la opción del exilio o del terror que nos paraliza y nos hace retroceder ante la injusticia, en este escenario hubo un gran número de mujeres y hombres que asumimos una tercera posición, que nos llevaría a los confines de la selva a enfrentar la muerte cara a cara ya no con pancartas o boletines sino con fusiles y rampas, o mostraríamos nuestro coraje e inconformismo en las ciudades con tiro y bombas.

 

Desarrollando diferentes tareas encomendadas por nuestra organización fuimos capturados por las fuerzas del régimen, uno en el año 2003 y otro en el 2004, llamados por la justicia burguesa por los delitos de rebelión agravando terrorismo , homicidio, secuestro y otros más, por lo que fuimos condenados a 30 años uno y el otro a 40 años.

 Durante los años de cárcel hemos sabido mantener la firmeza en nuestros principios y la cara erguida con orgullo, representando una utopía por la cual hemos ofrendado muchos sacrificios y por la cual seguiremos luchando, por tal motivo, venimos desarrollando un trabajo al interior de las diferentes penitenciarias donde llegamos para gestionar la construcción de un movimiento nacional carcelario como forma idónea en la lucha por unas reivindicaciones mínimas de los presos, asumiendo que este espacio no es el fin del camino sino una trinchera distinta desde donde seguiremos disparando propuestas en pro de construir una Colombia incluyente, socialista y libertaria.

 A la par de este proceso nos venimos formando académicamente, uno acabando la carrera que dejó cuando se fue para la guerrilla y comenzando otra carrera y un tecnólogo, y el otro terminando el bachillerato y comenzando una carrera, esta formación aunada al trabajo nos fue mostrando grandes falencias en las formas de agenciar los cambios, ya que la lógica de la obediencia ciega a las órdenes, la desconfianza al individuo, la negación del proyecto pernal y otras más convertidas en fundamento terminan desvertebrando o inmovilizando  procesos de organización. Estos hechos nos hicieron replantear ciertos fundamentos de la teoría de la organización, abriéndonos a la posibilidad de pensar formas horizontales, asamblearias y reticulares de construcción, por tal motivo la visión anarquista nos fue ofreciendo una buena solución para la construcción práctica del movimiento.

En el recorrido* carcelario y de trabajo de la organización fuimos consolidando diferentes relaciones que nos permitieron desarrollar ciertas tareas, fue así que conocimos a la Cruz Negra Anarquista y a varios de sus militantes, creándose una empatía no solo creada por los lazos de solidaridad que ellos ejercían sino por la identidad en varias posturas y en la forma de llevarlos a la práctica, de esta forma se fueron construyendo vínculos de hermandad y camaradería que nos fueron guiando hacia la ideología libertaria, este desarrollo va hoy en día en que vamos reconociendo las diferentes tendencias existentes en el movimiento anarquista en las cuales queremos tener un influjo no con dogmas ni verdades, muy al contrario queremos participar en el debate, en la construcción y el desarrollo de la teoría que hará de direccionar hechos revolucionarios que nos permitan construir una práctica constante y radical en aras de un mundo nuevo.

¿Cual es la situación carcelaria en Colombia?

La situación es de absoluto abandono, hoy en Colombia existe una población carecería de 110.000 personas privadas de la libertad, en 144 establecimientos de reclusión, lo que genera un hacinamiento de entre el 40% y el 45 %, prueba de ello son las cárceles de mediana seguridad donde dicho problema llega a ser de 300 % (Picota, Modelo y Buen Pastor en Bogotá, Bella Vista en Medellín, Vista Hermosa en Cali y otras más), donde ya no cabe ni un preso más. Este problema de hacinamiento genera que los derechos fundamentales como la salud, alimentación, lo jurídico y otras más se diluyan en un maremágnum de trámites y papeleos que se convierten en un obstáculo insalvable para cualquier reclamo o queja.

Este fenómeno se ha venido valiendo con la construcción de más centros carcelarios y penitenciarios, que lo que han transformado el hacinamiento en una política, ahora las celdas de tres metros cuadrados albergan a 4 internos, haciendo imposible una vida digna y una convivencia “sana”.

La crisis atrás relatada no es expresión de la decidía, ni de la falta de planificación, ni mucho menos de unos funcionarios corruptos, es fundamentalmente una política de Estado que se alimenta de todo lo anterior y que asume la cárcel como la forma idónea de domesticación de todos aquellos que trasgreden sus leyes y normas, y esta domesticación no se ejerce a través de una reducación hecha sobre criterios pedagógicos, por personal competente como lo refieren las normas y leyes que ellos mismos han creado, y valga la aclaración con las que nosotros no estamos de acuerdo, sino desde el terror que generan las largas condenas y el degradamiento de las condiciones de vida , en estos centros más vale el garrote, el gas lacrimógeno, el desprendimiento del núcleo familiar o cualquier otra forma de represión que la educación, la recreación y el trabajo, es allí en la acción represiva donde este Estado putrefacto tiene su mayor y único énfasis; otra prueba irrefutable de este comportamiento y otro factor de esta crisis carcelaria, es la forma como los diferentes gobierno enfrenta el delito, no como un síntoma de una sociedad enferma que no brinda oportunidades ni opciones a las grandes mayorías, condenadas al rebusque y a la delincuencia como única forma de subsistencia, sino como la enfermedad en sí misma y por ellos la única forma de combatirlo es el estado policial, así cada vez más conductas se castigan con cárcel y cada vez son más largas las condenas generando hacinamiento.

Visto así el caos imperante es total y dista mucho de” mejorar,” muy al contrario día a día la situación se hace más crítica, por ello la solución que venimos agitando ciertos sectores de la abolición de las cárceles toma mayor fuerza.

¿Cómo se da el paso del marxismoleninismo al anarquismo?

Primero, nosotros no nos lo planteamos como una evolución, pues de hecho esa jerarquización nos parece poco libertaria al imponer relaciones de poder, en el plano conceptual y teórico, propias del colonialismo europeo y eurocéntrico que transporto un fenómeno biológico al ámbito social, cultural y de las ideas para justificar y legitimar su hegemonía, dominación, control y despojo de los pueblos africanos, asiáticos y americanos que sometieron con la espada y la cruz; a los que definieron como inferiores, atrasados, no evolucionados o por debajo de si en la escala evolutiva, desconociendo el valor, de las múltiples, diversas y ricas cosmovisiones, lenguas creaciones culturales de las distintas comunidades humanas. Guardando así las proporciones, plantearnos esa relación jerárquico-evolutiva, para referirnos a los procesos ideológicos dentro de la izquierda y dentro de revolucionarios, que si bien deben estar signados por la confrontación de las ideas que dialéctica nuestro que hacer, no deben estar condicionados por la “presunción de superioridad”, pues su valor y legitimidad no son de índole “natural” biológico, válido por más evolucionado, sino por la capacidad efectiva de evocar a los hombres y mujeres de construir formas de ser más libres, individual y colectivamente por su guía en la lucha cotidiana para confrontar el poder y al sistema capitalista a la vez que orienta la construcción de un mundo nuevo.

Pero en buena medida eso lo califica la práctica, esta epistemológicamente sigue siendo el criterio de verdad. De tal manera, que suponer una evolución hacia el anarquismo con respecto al marxismo, nos resulta incluso peyorativo con una herramienta teórica que ha venido a jugar un papel histórico incontrovertible en las luchas de liberación de los pueblos del mundo contemporáneo por todo el orbe. Su valor emancipador nos parece insoslayable y vigente, si bien, debe ser objeto de crítica en sus postulados, a la luz de lo aceptado particularmente a lo largo del siglo XX.

Segundo, hemos sido enfáticos, en que nuestro caso particular no fue tanto una aventura intelectual como un proceso que resulto de nuestro paso por diversas experiencias de lucha, por distintas etapas del trabajo práctico en la confrontación política y militar con el poder del Estado, en la brega por su derrocamiento para la construcción del comunismo. Experiencia que nos llevó a conocer y a reconocer el impresionante ejemplo de entrega, sacrificio y heroísmo de hombres y mujeres-marxistas-leninistas, much@s de ell@s – que han entregado y entregan aun hasta la vida misma en el combate y la lucha de clases. Si bien esta misma experiencia nos llevó gradualmente a tomar distancia de prácticas autoritarias y a encontrar identidad con los referentes radicalmente humanistas del pensamiento libertario, así como a hallar plena empatía entre nuestras críticas y practicas con los postulados teóricos y las experiencias históricas del anarquismo, en cuanto a formas de organización y la construcción de procesos de lucha.

 En consecuencia nosotros preferimos entender el paso cualitativo en términos de “complejizacion y sincretismo”, que nos permite valernos de la dialéctica y el materialismo histórico como método crítico para el análisis y la lectura de la realidad concreta; a la vez que nos permite, fundamento filosófico, antropológico, ético y político-organizativo libertario, plantearnos las alternativas de la acción y la organización sin perder de vista su imperativo moral.

Diferencias entre lxs presxs políticos y lxs presxs comunes

Podríamos establecer la diferencia entre los presos comunes y presos políticos desde dos perspectivas, una jurídica y otra política. La jurídica establece en el código penal que el delincuente común infringe la ley, individual u organizativamente, para satisfacer sus deseos y necesidades individuales y egoístas; mientras que el “delincuente político” infringe la ley penal siempre de manera organizada, rebelándose y alzándose en armas contra el Estado y el régimen vigente, con fines altruistas. En términos muy generales se definen más o menos así, si bien las sucesivas reformas del congreso de la republica al código penal han ido desmontando el “delito político” casi hasta su extinción, asemejándolo cada vez más al delito común juzgando la rebelión como “concierto para delinquir”, cuando no como “terrorismo” en la mayoría de los casos.

Políticamente nosotros concebimos la delincuencia común, también llamada preso social, como un explotado y despojado económicamente; y como un excluido socio-políticamente .Es un infractor por necesidad y un sobreviviente, en el peor de los casos se trata del lumpen, proletarios y desplazados por la voracidad del capitalismo globalizado y sus políticas neoliberales. Por su parte, en el concepto de preso político entendemos tres categorías internas, el prisionero de conciencia que define a los dirigentes y militantes de la izquierda, a los revolucionarios y opositores criminalizados y judicializados en razón de sus convicciones políticas y de su acción política; el prisionero por montaje judicial o “falso positivo jurídico”, que incluye los anteriores y a todos los luchadores sindicales, cívicos – comunitarios, estudiantiles, académicos e intelectuales, artistas, indígenas y de negritudes, de género y feministas, campesinos y agrarios, defensores de derechos humanos, etc.

Pobladores de áreas de conflicto y zonas rojas criminalizados y judicializados con falsas acusaciones, falsos testigos y falsas pruebas para amedrentar, frenar y desarticular el movimiento social y sus organizaciones, o implemente para cobrar fraudulentamente las recompensas y ganar condecoraciones y ascensos; por último está el prisionero de guerra, que define a los militantes de la insurgencia, a guerrilleros y milicianos que combaten en el conflicto armado contra el Estado y sus fuerzas armadas.

Pero sobre todo, nosotros no concebimos la rebelión o el alzamiento armado contra la opresión, como un “delito” sino como un “derecho” de los pueblos y como un “deber” de los revolucionarios.

¿Cómo se encuentra el conflicto armado en Colombia?

El conflicto armado en Colombia, luego de diez años de arremetida sostenida en el tiempo y en el terreno, sobre las áreas de operaciones con un pie de fuerza de medio millón de efectivos y todos los recursos logísticos y de  armamento disponibles por el imperio norteamericano para la lucha contrainsurgente, tecnología de punta, inteligencia, helicópteros y aviones artillados; lanchas y buques de combate; recursos financieros de varios miles de millones de dólares anuales, el cubrimiento mediático más vulgar y tendencioso, y un férreo respaldo diplomático en los escenarios regionales y mundiales, no pudieron derrotar ni exterminar o al menos diezmar a las fuerzas insurgentes (FARC-Ep, ELN, mas reducto s del EPL).

Tampoco los doblegaron o las trajeron rendidas a la mesa para su desmovilización, desarme y sometimiento irrestricto a las condiciones del vencedor. Por supuesto se les propino golpes tenaces que incluso jamás habían recibido en toda su historia como las muertes de varios integrantes del secretariado de las FARC-Ep, pero ello era algo inexorable en medio de tanto incremento de la ofensiva oficial, sin precedentes ni siquiera, en la historia de los procesos insurgentes de todo el continente. Con todo esto si embargo no tiene las implicaciones pretendidas por el Establecimiento en el sentido de haberlas arrinconado, puesto en huida y desbandada, reduciendo a hordas de bandoleros en rapiña por los recursos de las mafias.

 Lo cierto es que las organizaciones guerrilleras resistieron, se replegaron un poco para preservar la fuerza de sus ejércitos, mantuvieron sus bases y con ello la influencia de las áreas, rediseñaron sus estructuras de apoyo, aprovisionando logística y sanidad, desarrollaron una eficaz economía de guerra para el auto sostenimiento alimentario y contrarrestar los bloqueos los bloqueos y los asedios; se reorganizaron, ajustaron la estrategia, configuraron sus acciones tácticas y operaciones y emprendieron la contraofensiva desde los meses finales del 2008 hasta este momento .Se ratificó la solidez estructural y organizativa, la unidad de mando y de control sobre las tropas guerrilleras, la experiencia histórica acumulada en 48 años de guerra y su capacidad de adaptación y de aprendizaje frente al enemigo.

Pero sobre todo el respaldo popular de las masas campesinas y de importantes sectores sociales y políticos sin los cuales se habría sofocado rápidamente; también la legitimidad y validez política de su proyecto, vigente en tanto no se han resuelto de fondo ninguna de las causas históricas y objetivas que dieron origen al conflicto, y por último que no es por vía de la acción militar como el Establecimiento los va a resolver, como va a evadir su solución.

 De modo que al sentarse a la “mesa de diálogos” con el gobierno Santos es un triunfo político de las FARC-Ep como interlocutor válido para tratar los temas fundamentales de la nación.

¿Cómo se vive internamente en prisión entre actores del conflicto? 

Las relaciones en prisión entre actores del conflicto armado han tenido variaciones en el tiempo, en la década de los 90 no se habitaban los mismos espacios con la relativa calma de ahora; cuando cohabitaban en los mismos pabellones guerrilleros y paramilitares conservaban las distancias y permanecían tensos y vigilantes unos con otros mientras se dio el gradual armamentismo. Los choques eran violentos pero esporádicos se asechaban constantemente. Hasta cuando, a partir de 1998 comenzaron las agresiones paramilitares masivas contra la delincuencia común y contra los presos políticos, como parte de una estrategia del Estado consistente en replegar el conflicto armado al interior de las cárceles para sofocar el Movimiento Nacional Carcelario que conducía la lucha por reivindicaciones.

 Las masacres de delincuentes comunes fueron tenaces y las guerrillas combatieron y contuvieron el avance paramilitar sobre sus patios.

Salvo en la cárcel de Palmira, Valle del Cauca, donde los paras asesinaron varios guerrilleros y se hicieron al control total de la cárcel, en las demás prisiones los guerrilleros contuvieron con éxito las expresiones y conquistaron espacios. Esas batallas se hicieron con explosivos, armas automáticas y de largo alcance. En la década del 2000 cuando se implementa el modelo de alta seguridad tipo norteamericano, con los dineros del plan Colombia, el gobierno intento borrar ese pasado y obligo a unos y a otros a vivir de nuevo en los mismos patios, pero las heridas estaban frescas y se dieron en todas las cárceles de alta nuevos enfrentamientos, esta vez con armas corto punzantes. Así los guerrilleros conquistaron el poder de los patios exclusivos para presos políticos y la institución penitenciaria le asignó a los paramilitares espacios para su control.

Entre 2002 y 2006 ocurrió que los paramilitares reunidos en las AUC entraron en proceso de desarme y desmovilización, y orientaron a sus presos no participar en enfrentamientos ni en protestas; al tiempo, el gobierno alentó la desmovilización individual de guerrilleros presos y reprimió a quienes se mantuvieron leales a la causa, entre lo que se contó arrebatarles los espacios conquistados y atacar los colectivos de trabajo político. Esto llevo a que desde el 2007 y hasta nuestros días se diera un progresivo vivir en los mismos espacios, en relativa calma, bajo el mecanismo de los “comités de convivencia” que procuran la resolución de los problemas cotidianos y mantienen más o menos el equilibrio de las tenciones. Estos Comités y su discurso de la “convivencia” tienen un substrato institucional o institucionalista muy fuerte.

Si bien, predominantemente todos procuran evitar las confrontaciones armadas y los choques violentos, los presos políticos continúan la brega por el restablecimiento de sus espacios exclusivos en prisión, pero esta vez peleándolos por vía política, jurídica y de desobediencias civiles. Además cabe hacer otra claridad, el Estado recluto la tropa paramilitar en las clases populares, valiéndose de su miseria para mercerizarlos, pero tras su desmonte en el “proceso de paz”, limpiados* los dineros de empresarios y ganaderos, impunes los altos mandos militares, extraditados lo jefes paras, la tropa en prisión se vio traicionada y abandonada a su suerte, por lo que se fueron identificando con la delincuencia común, renunciando a pelear con los insurgentes.

¿Qué piensan acerca de la lucha armada?

Pensamos que no es un fin en sí misma sino un medio que está condicionado por las singularidades históricas y políticas de cada pueblo en cada momento. De manera que no habría una ley que convalide universalmente su implementación o que la niegue universalmente. Se trata de un recurso que está disponible según las necesidades de la lucha revolucionaria y que debe ser usado en relación a las condiciones que impone cada momento histórico. Sí bien, también es claro para nosotros que cada revolución, en última instancia, un acto de violencia contra el orden establecido pues implica su confrontación y su destrucción; es de su derrumbamiento que nace una nueva realidad, de modo que una revolución no es un cambio tranquilo, armónico y pacífico, sino una conmoción dramática, abrupta como el parto que trae al mundo una nueva vida. La cuestión es que no son conceptos sinónimos de la “ violencia revolucionaria” y “lucha armada”, pues existen otras de acción violenta, no esencialmente armadas (el tropel, la barricada, el bloqueo, las tomas, los disturbios , las asonadas ,la insurrección, etc.); así como no necesariamente las acciones de lucha armada son siempre revolucionarias.

 La violencia revolucionaria es en general muy connatural a la revolución, mientras que la lucha armada es lo particular y está en dependencia de condiciones concretas durante el proceso revolucionario.

En el caso de Colombia, como lo recordaba en un documento del 2011 el comandante Alfonso Cano caído en combate en noviembre, la lucha armada insurgente como respuesta a varias condiciones concretas de nuestra vida política: Primero, en respuesta a la violencia y a la guerra sucia del Establecimiento y su diferencia política contra la oposición y la izquierda ;segundo, es respuesta a las agresiones militares y paramilitares del Estado contra las regiones campesinas y los movimientos agrarios; tercero, en respuesta a la histórica intervención militar norteamericana en el conflicto interno Colombiano. Las cuales tras 50 años de guerra continúan soportando y promoviendo el desangre patrio, preservando y legitimando a su vez la legitimidad a su vez la necesidad de una respuesta armada del pueblo través de sus ejércitos guerrilleros. La vigencia o no de la lucha armada en Colombia no está en dependencia del auge o declive de los movimientos guerrilleros en el continente o en el mundo; tampoco está en dependencia del auge o declive de los movimientos sociales en el cono sur y de gobiernos de centro-izquierda posicionados por vía electoral. Si no que su existencia y vigencia han dependido profundamente de la existencia en nuestro país de una oligarquía apátrida y voraz , intolerante, autoritaria, y criminal que ha hecho del terrorismo de Estado la forma fundamental del ejercicio del poder con el apoyo cómplice del imperialismo estadounidense.

En la medida en que cese la intervención imperial, cese la opresión contra las regiones campesinas y contra el movimiento social; y cese la guerra sucia y el exterminio de la izquierda y de la oposición política, cesaran las causas que motivan el accionar guerrillero de medio siglo en Colombia.

 *Palabras cambiadas para mejor comprensión.

CESAR y ENRIQUE

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