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Desmitificando la trampa del poder popular, una crítica desde la anarquía

Written by Super User on . Posted in Anarquismo

 

 “La base fundamental del método anarquista es la libertad, y por lo tanto, luchamos y lucharemos contra todo lo que viole la libertad (libertad igual para todos), cualquiera sea el régimen dominante: monarquía, república u otros.”

Errico Malatesta (1852-1932).

Desde un tiempo a ésta parte, distintos sectores del anarquismo, han entrado en un intenso debate sobre una serie de temáticas, ligadas fundamentalmente a cómo construir un anarquismo con un carácter más social. Dentro de ésta discusión, aparecen una serie de programas, comunicados y artículos de opinión en torno al concepto de Poder Popular, algunos defendiendo su uso desde el anarquismo y otros criticándolo. Nosotros nos posicionamos dentro de los segundos.

 

El Poder y el Poder Popular

Para el siguiente artículo, conviene señalar que cuando hablamos de poder popular, utilizamos la definición de Roso Grimau que lo entiende como “el poder del pueblo organizado, en las más diversas y disímiles formas de participación, para la toma de decisiones en todos sus ámbitos (político, económico, social, ambiental, organizativo, internacional y otros) para el ejercicio pleno de su soberanía.”.

También conviene construir una definición, más o menos precisa, de lo que entendemos por poder, que para nosotros es la capacidad de una o un grupo de personas para imponer su voluntad, mediante la dominación por la fuerza u otros, para imponer una decisión o conjunto de decisiones sobre otrxs.

Es evidente, como señalan algunos escritos anarquistas a favor del poder popular, que el poder no tiene consigo siempre una carga negativa. También el poder es potencialidad, fuerza. En ese caso, el poder popular podría ser la fuerza de un grupo para acabar con la dominación, con el capitalismo, con el Estado. Sin embargo, el que el poder no siempre responda a la primera acepción antes esbozada, y que pueda significar la potencialidad o capacidad de hacer, construir o destruir algo, no quiere decir que el poder, como concepto y más aún como práctica, no esté exento de crear relaciones sociales de dominación. Es decir, destruir por ejemplo, el poder de la burguesía, no quiere decir necesariamente, que al destruirlo creemos un mundo sin relaciones de dominación, un mundo sin poder.

Y aquí precisamente está uno de los problemas ¿por qué utilizar un concepto con una carga tan negativa, con ese problema semántico y político que deja abierta las puertas para la dominación, la autoridad, el poder, en fin, todo lo que supuestamente combatimos los anarquistas, defensores inclaudicables de la libertad (1)?

Desde los grupos que defienden el uso y la “recuperación desde el anarquismo” del concepto de Poder Popular, se argumenta que dicho concepto está fuertemente enraizado dentro del mundo social y que por eso debe ser utilizado, incluyendo categorías nuevas dentro de él que respondan a nuestro ideal libertario, analogandolo con el concepto de “Autogestión” en el sentido de proceso político que busca la gestión de los problemas políticos, económicos y sociales por parte de la propia población.

Ahora bien, que el anarquismo no tenga una estrategia para acercarse a más gente, que no se involucre en la organización con personas “comunes y corrientes”, que no sea capaz de salir del diminuto getho que lo ha reconstruido luego de casi 50 años de virtual desaparición frente a la abrumadora hegemonía que construyó el autoritarismo, no es excusa. De hecho sería la peor escusa de todas, porque en el fondo estos personajes que nos intentan confundir con el poder popular nos están diciendo que, el anarquismo, ese conjunto de ideas políticas casi desaparecidas, eclipsadas si se quiere por las ideas marxistas durante mucho tiempo, debe desaparecerse a si mismo, negar su propia identidad y adoptar la identidad y las ideas de ésta otra corriente.

Como decíamos, los defensores del poder popular, afirman que reivindican el poder popular porque es un componente de la identidad política del pueblo. Aunque nunca admiten, eso si, que dentro de lo que ellos mismos denominan como pueblo, son muy pocos los individuos que reivindican el poder popular (2). Todos sabemos que la inmensa mayoría de las personas llevan una vida totalmente alejada de la política: van al mall, educan a sus hijos para ser “mas que ellos”, oprimen apenas tienen la oportunidad de hacerlo y cuando alegan, lo hacen porque la autoridad “no les cumple”. Los que participan en política, en muchos casos lo hacen para obtener ayudas municipales o del gobierno y en pequeñas excepciones se integran en organizaciones y construyen poder popular, tal como lo entienden sus propios defensores. De hecho, podemos señalar que dentro del pueblo existen organizaciones anarquistas, y que muchos de los militantes del anarquismo provienen de él, pero no por eso vamos a decir que el pueblo, como conjunto, reivindica la anarquía.

Esto nos lleva a plantearnos que en realidad la lealtad de los anarcopoderpopular no está necesariamente ligada a una clase, ya que dicha clase, en su mayoría, no construye ni participa del poder popular. Por lo anterior, creemos que aunque intenten hacerlo pasar como un asunto de condiciones, como una obligación para poder llegar a más gente, el elegir construir poder popular es una decisión en base a una idea, una elección ideológica y en su dimensión ideológica, la idea de anarquistas construyendo poder popular no puede catalogarse de otra manera que de rendición de las ideas anarquicas.

Como muchos más, creemos que en el fondo el hecho de reivindicar conceptos que nada tienen que ver con nuestra ideas, responde más a la intención de establecer alianzas con otros grupos, develando así la verdadera cara de organizaciones que, mediante un discurso libertario han ganado una enorme cantidad de militantes descontentos con las ideas clásicas de la izquierda, pero que no han dudado en alinearse con esas mismas organizaciones en elecciones, manifestaciones y repartijas de poder y visibilidad comunicacional varias, tomando distancia de los anarquistas y uniéndose a las continuas difamaciones que hacen caer sobre nosotros todos esos grupos de idiotas aspirantes a jefes que se hacen llamar organizaciones políticas de izquierda.

Consecuencias del poder popular, consecuencias del marxismo

Pero qué es lo malo del poder popular? Qué lo hace ser tan indeseable como construcción política? Ésta es, tal vez, la pregunta mas importante que nos podemos hacer. Más que el hecho de si “el pueblo” apoya o no la idea del poder popular o si el poder popular es de ésta o de ésta otra tendencia.

Pues bien, uno de los problemas que le vemos al poder popular, es que la historia nos ha demostrado, que detrás de los procesos de autogestión que se han llevado a cabo en torno a resolver necesidades de producción, distribución, difusión de la cultura, etc.. que, en principio son, para nosotros, positivos, existe un control centralizado e institucional de dichos procesos. Tal como se construyó en Chile y se ha construido en Cuba y Venezuela, el poder popular existe en dos dimensiones, la toma del poder político y su utilización por un pequeña minoría que guía, y la autogestion del resto de la población, que obedece. El nuevo poder político anima a la población a autogestionar sus necesidades, pero bajo control de la institucionalidad burguesa, previamente reformada en su estética, cambiando sus antiguos nombres y mandos pero manteniendo la idea central de que la institución es protagonista no solo como un mal necesario, sino que teniendo absoluto control sobre lo que ocurra. Esto, obviamente, no tarda en chocar contra la realidad y contra la sed de sectores que quieren seguir avanzando, apareciendo conflictos entre institución central y dichos sectores, que buscan autonomía. Esto sucedió por ejemplo en las tomas de terreno en Chile durante la UP, cuando la construcción de poder popular cayó en la contradicción de crear y mantener instituciones que frenaban, en la práctica, los deseos de la misma clase que decían tener que representar y guiar. Este problema va muy de la mano con otro aspecto negativo que vemos dentro del concepto de poder popular: la burocracia que éste conlleva. Debido a la idea anterior del control centralizado de los procesos autogestivos, que en el fondo son autogestionados pero no autónomos, nace un sinnúmero de cargos burocráticos que, por una parte frenan las iniciativas, y por otra van creando relevancia de unxs sobre otrxs, lo que no tarda en crear autoridad de algunos burócratas, que desemboca en situaciones no muy difíciles de imaginar. Sabemos qué son capaces de hacer grupos de personajes con pequeñas y a veces medianas cuotas de poder y una institucionalidad burguesa “reformada” cuando las primeras situaciones de confrontación entre sectores mas radicales y el poder central ocurren. Al respecto, mirar el caso de las VOP, en Chile, de los milicianos autónomos, en España, de los movimientos campesinos, en la Rusia bolchevique, etc..

Esta burocracia aparece dentro de las mismas organizaciones que en la actualidad apoyan la idea del poder popular. En ellas existen roles, protocolos a seguir, y divisiones claras entre dirigentes y dirigidos, mandamases y “bases”, lideres carismáticos y carne de cañón, intelectuales que dan conferencias y sujetos que pegan afiches. No creemos necesario el tener que decir que ésta situación nos parece asquerosa: la división del trabajo, un aspecto tan profundamente ligado al capitalismo, utilizado por las organizaciones anticapitalistas. Además, ésta división de roles va reproduciendo uno de los males que, según nuestro parecer, es fundamental dentro del sistema actual: el delegacionismo. Al existir roles más pasivos, en cuanto a tomar decisiones se refiere, los militantes de organizaciones que abogan por el poder popular (3) van delegando responsabilidades en sus dirigentes. Nacen así los personalismos, las luchas de poder dentro de las organizaciones, nacen los cabecillas, los caudillos. No hay ni para qué decir cómo esta idea del delegacionismo como transferencia de la voluntad individual y colectiva hacia un jefe (4) va creando por un lado la decidía de la masa, quien confía en su líder y por otro un culto hacia la personalidad del mismo, normalizando la autoridad y el hecho de que la libertad esté supeditada a los designios de una figura indiscutida. El caso de Venezuela y Cuba son decidores al respecto y ni qué decir sobre la posibilidad del inicio de una férrea dictadura una vez santificado el líder, posibilidad tan cercana como reiterada a lo largo de la historia de las revoluciones marxistas.

En el fondo, las críticas antes esbozadas, son perfectamente aplicables a las ideas marxista-leninistas, porque creemos que , en el fondo, el Poder Popular no es más que la constitución de una fuerza “de base” y a la vez de una pequeña economía que permita la toma del poder político. El Poder Popular vendría a solucionar el problema de gestión inmediatamente posterior a un proceso revolucionario por la vía de la autogestión, que, tarde o temprano, será cada vez más controlado desde el poder centralizado, perdiendo su autonomía y , por tanto, su potencial revolucionario.

Tenemos que tener cuidado con cualquier alternativa que se nos presente. Si bien sabemos que el anarquismo en la actualidad se encuentra estancado, no vamos a desestancarlo quitandole su principal fuerza motriz: la búsqueda de la libertad, usando los medios mas libertarios posibles.

No podemos esperar que la autogestión por si misma nos haga avanzar. Autogestionar cualquier cosa, aliandonos con cualquiera y con un fin que nada tiene que ver con la idea de la libertad no nos va ayudar en nada, y solo nos permitirá convertirnos en una más dentro de las “alternativas” de izquierda.

Mejor solos que mal acompañados, mejor estancados que creando poder.

Escrito por Polke (colaboración).

Solsticio de Verano

2012

Notas:

(1) Malatesta dirá que “A los anarquistas les compete la especial misión de ser custodios celosos de la libertad, contra los aspirantes al poder y contra la posible tiranía de las mayorías”

(2) Aclarar que cuando hablamos de minoría, no lo hacemos de manera despectiva. Lo que tratamos de argumentar no es que la mayoría o la minoría sea buena o mala perse, sino que el mito de que el pueblo, como clase, apoye el Poder Popular es falso, ya que la gran mayoría del pueblo no se inmiscuye en política.

(3) Creemos que podemos extrapolar ésta conclusión al poder popular, porque entendemos a dichas organizaciones como referente y por tanto protagonistas de la construcción teórica y práctica del poder popular.

(4) Casi siempre hombre o “patriarca”, por cierto.

Fuente:

http://periodicoelamanecer.wordpres.

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